Hepatopatía etílica, los riesgos del alcohol

13 noviembre, 2017

El consumo excesivo de alcohol puede provocar graves problemas a la salud en múltiples aspectos pero sin duda, el hígado es uno de los órganos más afectados por su ingesta. Unos daños que se enmarcan bajo la denominación de hepatopatía alcohólica o etílica y que en su cuadro de mayor gravedad puede provocar la muerte. “Existen diversas modalidades dependiendo de la cantidad de alcohol que se consuma, el tiempo en que se haya mantenido tal ingesta y las características personales de cada individuo. En cualquier caso, es importante resaltar que al margen de tales patologías, lo cierto es que el consumo de alcohol siempre es dañino para el organismo en general y el hígado en particular, dado su papel fundamental en la metabolización del mismo, algo de lo que es importante concienciar a la población”, expone el doctor Alberto Monescillo, especialista de HPS en Aparato Digestivo.

La esteatosis hepática alcohólica es el tipo con mayor prevalencia. Le sigue la hepatitis aguda alcohólica, y la cirrosis hepática alcohólica. Son los tres grandes cuadros clínicos, de menor a mayor gravedad, en los que puede desembocar un excesivo consumo de alcohol y que se van sucediendo en tanto en cuanto no se abandona tal hábito. Ese exceso que predispone para estas patologías, según diversos estudios, se estima en torno a un consumo diario de al menos 40-80 gramos en los varones y de 20-40 en las mujeres, y durante un período de entre cinco y diez años. Sin embargo, no todas las personas con esta ingesta las padecen. Hay un componente de susceptibilidad individual, aún no identificable, que hace que unas personas desarrollen cirrosis y otras sólo esteatosis. «Su presentación depende asimismo de factores que aún desconocemos, aunque hay algunos muy recurrentes que pueden aumentar el riesgo como la edad, ya que el mayor número de casos se presentan entre los 40 y 50 años; el tabaquismo; la raza, siendo más frecuente en afroamericanos e hispanos frente a caucásicos; la obesidad o la desnutrición; el sexo, con mayor prevalencia en mujeres; factores genéticos, como padres alcohólicos; o algunas infecciones como las del virus C o B de la hepatitis», detalla el doctor Monescillo.

Respecto a su pronóstico, resulta variable en función del abandono del alcohol, los daños producidos en el hígado y sus funciones y por tanto, de las complicaciones que hayan podido surgir. No obstante, la posibilidad de cura es casi total si se deja de ingerir alcohol en la esteatosis, en algunos casos de hepatitis o, al menos la mejora de esta patología, no así tanto de la cirrosis. Por tanto, el mejor tratamiento es el abandono del consumo de alcohol independientemente del grado de afectación hepática. Además se debe tratar con medicación determinados tipos de afectación hepática y descompensaciones de una enfermedad hepática avanzada como acúmulo de líquido en el abdomen: ascitis, hemorragia digestiva por varices esofágicas, encefalopatía hepática, infecciones, deterioro de la función renal y desarrollo de cáncer hepático. Estas medidas específicas antes mencionadas se acompañan de dieta normal y variada, con suplementos vitamínicos.

■ Esteatosis hepática etílica. Se produce por la ingestión excesiva de alcohol que provoca un acúmulo de grasa en el hígado. Se trata de la forma más frecuente y benigna de hepatopatía alcohólica. De hecho, suele revertir al cesar el consumo alcohólico y, en caso de no hacerlo, puede mantenerse en esta forma patológica o evolucionar hacia la hepatitis aguda alcohólica o cirrosis. Respecto a los síntomas, no suele presentar ninguno y suele llegarse al diagnóstico por un aumento de las transaminasas descubierto de manera casual y que no se justifica por otras causas que se excluyen por estudios analíticos y se apoya en una ecografía compatible.

■ Hepatitis aguda alcohólica. Es la respuesta inflamatoria del hígado al consumo excesivo de alcohol y se puede desarrollar sobre un hígado con esteatosis previa o sobre ya un hígado con cirrosis hepática, hecho este último más frecuente, al menos desde un punto de vista clínico. Su pronóstico es variable, oscilando entre casos sin desarrollo de complicaciones graves de una enfermedad hepática o puede ser llegar a ser grave con una alta mortalidad. En general sí suelen aparecer síntomas como cansancio, falta de apetito, pérdida de peso, malestar digestivo, debilidad muscular, náuseas, vómitos, dolor en el lado derecho del abdomen, ictericia, orina oscura, eritema palmar o ascitis. Esta situación clínica cuando es grave, el paciente permanece ingresado siendo tratado con corticoides y también tratamiento para las complicaciones que presente el enfermo.

■ Cirrosis etílica. Es, junto al anterior y muchas veces coexisten, el estado más grave, en el que se altera la estructura del hígado por la fibrosis, producto de la cicatrización de las lesiones que ha conllevado el alcohol. Es irreversible y puede conllevar complicaciones importantes como el cáncer de hígado, varices esofágicas, encefalopatía hepática o insuficiencia renal, entre otras. Todas estas complicaciones pueden aparecer también en la hepatitis aguda alcohólica.

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