Reconocimiento médico, pilar del inicio deportivo

30 diciembre, 2019
Clara Quintana Casanova, especialista en Medicina Deportiva de HPS

El deporte promueve cambios en el estilo de vida, mejorando hábitos higiénico-dietéticos como la mejora del perfil lipídico de la sangre y el control del peso corporal. Asimismo modifica otros factores de riesgo contribuyendo al abandono de hábitos tóxicos, como el tabaco; al seguimiento de una dieta equilibrada y a una disminución en el consumo de alcohol.

El ejercicio físico aumenta la fuerza y la flexibilidad muscular, mejora el equilibrio, modifica o previene la cardiopatía isquémica, la hipertensión arterial, la osteoporosis, la artrosis, la diabetes mellitus y el deterioro cognitivo. Asimismo disminuye el riesgo de caídas y fracturas, mejora la ansiedad, el insomnio, la depresión, potencia la capacidad de autocuidado, promociona actividades sociales y mejora la calidad de vida, disminuyendo la morbilidad y la mortalidad.

Por todo ello es más que recomendable concienciarse y arrancar el año cumpliendo con uno de los propósitos de inicio de año más frecuentes, que es comenzar o aumentar el ejercicio físico que se realiza. En ambos casos «les aconsejo que se realicen un reconocimiento médico deportivo que les ayudará a realizar actividad física de forma más segura y con un entrenamiento individualizado adecuado a su capacidad funcional, permitiéndoles realizar deporte con menos riesgo y con una mejora progresiva de su rendimiento deportivo», explica la doctora Clara Quintana Casanova, especialista en Medicina Deportiva de Hospital Perpetuo Socorro.

Aptitud deportiva

Tanto las sociedades españolas de Cardiología y de Medicina del Deporte como la Sociedad Europea de Cardiología han propuesto modelos de reconocimientos médicos para determinar la aptitud deportiva en base a los distintos tipos de deportistas, dada la necesidad de realizar una valoración médico deportiva a cualquier persona que inicie o reemprenda una actividad física ya sea de competición o recreativa.

Y es que el ejercicio físico conlleva unos riesgos para el practicante, tanto si lo realiza regularmente a mayor o menor intensidad como si lo realiza de forma esporádica. «El reconocimiento médico deportivo debería ser el punto de partida de la actividad deportiva y debería realizarse antes de la incorporación al deporte, para conseguir cinco objetivos. En primer lugar la valoración del estado de salud del deportista para descubrir enfermedades o defectos que pudieran poner en peligro la vida o detectar alteraciones que una vez corregidas o tratadas significarían la realización de actividad física de forma más confortable y con mayor posibilidad de rendimiento; seguidamente la detección del nivel de adaptación del deportista al esfuerzo físico y en tercer lugar la prevención de lesiones y enfermedades. En cuarto lugar sirve para dar la oportunidad de participación de deportistas con procesos patológicos y por último el cumplimiento de requisitos legales y de seguridad», advierte la doctora responsable de la unidad de Medicina Deportiva de Hospital Perpetuo Socorro.

Niveles

Y cada caso cuenta con sus especificidades. A niños en edad escolar (entre 6 y 16 años) se les realizaría un control médico cada cinco años si realiza actividad deportiva escolar y no presenta ningún problema previo. Este reconocimiento incluiría una historia médico-deportiva, exploración física (general, balance morfoestático, estudio antropométrico, espirometría (opcional), ECG reposo, test físico (test modificado de Astrand sobre banco) y un informe médico. En caso de niños que practican deportes competitivos de alta exigencia, el reconocimiento médico se realizaría anualmente e incluiría además otras pruebas médicas más específicas.

En adultos sanos de cualquier edad para la mejora de su rendimiento físico el reconocimiento médico debe ser anual con test ergométrico. Por su parte, los pacientes con factores de riesgo primarios o secundarios, el reconocimiento médico se planificará según su patología y los objetivos de la actividad física a realizar. En los adultos sanos de menos de 35 años con actividad de baja-moderada intensidad, el reconocimiento médico se realizaría cada 5 años mientras que en deportistas de la tercera edad hay que optar por pruebas anuales. Por último, la pauta puede ser incluso semestral en deportistas de alto rendimiento siendo el nivel de las pruebas y la meticulosidad de sus resultados el mismo en cualquiera de los grupos.

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