«El tobillo focaliza la mayoría de lesiones deportivas»

29 enero, 2018

La fractura de tobillo en deportistas es una de las lesiones óseas más frecuentes en deportistas, tanto profesionales como aficionados. De hecho, el tobillo es la región anatómica donde se localizan de forma más asidua las lesiones deportivas, aunque en la mayoría de los casos se trata de esguinces. La fractura de tobillo es también usual entre la población en general. Una caída, un mal paso o un accidente vial, por poner tres ejemplos pueden provocarla.

Se producen con mayor asiduidad en todos aquellos deportes de contacto en los que, sea de forma recreativa como de competición, se utiliza de forma importante el tren inferior: baloncesto, gimnasia, ballet, hockey, tenis, esquí y especialmente el fútbol, entre otros. Aunque pueden fracturarse ambos huesos del tobillo, la mayoría de las veces es el maléolo externo o peroneo el afectado, indica Gerardo Garcés, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica de HPS

Frecuentemente, cuando se fractura solo el peroné, se asocia una rotura del ligamento deltoideo o ligamento interno del tobillo. A pesar de ello, el esguince del ligamento externo es mucho más frecuente que cualquier fractura en la región del tobillo, es la lesión del jugador de la Unión Deportiva Las Palmas, Sergi Samper. Tras el exhaustivo estudio radiológico al que fue sometido en Hospital Perpetuo Socorro como servicio médico oficial de la UD Las Palmas el diagnóstico fue de fractura transindesmal del maléolo externo y rotura del ligamento deltoideo del tobillo izquierdo. Una lesión grave que requiere de intervención quirúrgica y posterior rehabilitación.

Es importante preguntar sobre el mecanismo de la lesión y los síntomas iniciales. En el caso de la fractura el paciente suele oír un crujido y se produce una hinchazón inmediata con imposibilidad para mover el pie. En la exploración se determinará si la afectación es sólo del peroné o también alcanza el maléolo tibial o el ligamento deltoideo. Será absolutamente necesario realizar una radiografía inicial que determine el alcance de la lesión, aunque con cierta frecuencia se requerirá la realización de una resonancia magnética si se sospecha alguna lesión asociada como la rotura de la sindesmosis tibio-peronea.

A la hora de tratarlo, depende de la zona concreta en la que se produce y de su severidad y estructuras afectadas. En las fracturas estables o poco desplazadas suele realizarse un tratamiento conservador basado en la inmovilización de la zona mediante una bota de yeso y es frecuente que se resuelvan en unas seis semanas. Sin embargo, las inestables o desplazadas en general requieren de cirugía. Una intervención en la que se realiza una reducción anatómica y se estabiliza la fractura fijándola mediante placas y tornillos. Este tratamiento es recomendable realizarlo en los primeros días tras el trauma y su recuperación puede superar los seis meses. En ambos casos será necesario un adecuado y eficaz programa de rehabilitación con posterioridad.

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